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Martes 12 de diciembre de 2017

Con BALTAZAR HINOJOSA y ALEJANDRO GUEVARA tocando otra vez las puertas de una candidatura (el senado) los tamaulipecos mediremos de nuevo la fuerza de sus cacareados apoyos.

El primero se dejó querer con la presunta amistad de LUIS VIDEGARAY y el segundo por una sobrevalorada relación con el presidente PEÑA y el sector militar.

Se recordará que GUEVARA, pese al magno y costoso esfuerzo por posicionarse en años previos al destape, no logró ser candidato a la gubernatura.

En cuanto a BALTAZAR, su contundente derrota habla sola. Perdió la jefatura del ejecutivo y una veintena de municipalidades, al tiempo en que su partido se quedaba sin mayoría legislativa. Como nunca, en efecto, en las tres urnas.

Hoy se dice que el BALTA viene por más. Sus promotores presumen que, además de VIDEGARAY, tendría las simpatías del gallo presidencial JOSÉ ANTONIO MEADE.

Falta por ver la efectividad de tales activos que, como ya vimos en 2016, suelen ser más simbólicos que reales o de un tamaño menor al que se festina.

Más difícil ahora que el gobernador es panista y el partido tricolor no logra recuperar la operatividad que por tantos años gozó.

Interesante será observar la respuesta de la gente. En particular por el abandono que la maquinaria tricolor vivió durante el primer año de la administración que encabeza FRANCISCO GARCÍA CABEZA DE VACA.

En democracias más maduras, los perdedores suelen continuar trabajando para consolidar el capital electoral que en el caso de HINOJOSA ascendió a la nada despreciable suma de 486 mil votos, casi medio millón.

Aunque justo sea recordar que, aún así, quedó 14 puntos porcentuales atrás del ganador albiazul (36% y 50%, en números cerrados). Este último rebasó los 721 mil.

¿Qué proporción de dichas simpatías conserva el exalcalde matamorense?... Acaso menos, por el costo mismo de la derrota en su imagen pública.

Amén del alejamiento que observaría en el tiempo posterior (y hasta la fecha), reclamo muy sentido de quienes fueron sus votantes y aún sus simpatizantes.

Nunca en la historia contemporánea de México las candidaturas priístas se han visto tan mermadas de proyección y credibilidad.

En sus mejores tiempos, ser nominado por el viejo partido aplanadora a cualquier cargo de elección era prácticamente sinónimo de triunfo. Ascenso y gloria.

Hoy en día se reduce solamente a eso. Sería un candidato más. Amén de que la contienda venidera pinta muy diferente a la de 2012, en números estadísticos.

Hace seis años, el gobernador mexiquense ENRIQUE PEÑA NIETO llevaba una cómoda ventaja sobre cualquier competidor, la cual se acortó, pero nunca perdió a lo largo del cotejo.

Esta vez TOÑO MEADE empieza en tercero, por debajo de ANDRES MANUEL LÓPEZ OBRADOR y RICARDO ANAYA.

Con el añadido de que la ley electoral ha sufrido diversas modificaciones que dificultan (por citar un ejemplo) la guerra sucia abierta. Esto es, la contratación de propaganda (o antipropaganda) por parte de particulares.

Factor clave en la guerra sucia contra ANDRES MANUEL que se libró con tenacidad y abundancia de recursos en 2006.

En 2012, AMLO arrancó tercero, logró rebasar a la panista JOSEFINA VÁZQUEZ MOTA, pero le faltó tiempo para dar alcance a PEÑA.

Hoy es distinto porque los gastos en difusión pasan todos por la autoridad electoral, incluyendo la supervisión de contenidos, facultad del INE (entonces IFE) que antaño no tenía.

Ya será más difícil recurrir a descalificaciones, por lo menos en emisoras de radio y televisión. Veremos que tanta efectividad se logra hoy que también se busca vigilar el comportamiento de las redes sociales.

Los malos resultados de BALTAZAR son un estigma difícil de cargar. Un “negativo”, como se dice ahora, si es que logra postularse. Lo cuál se antoja de alto riesgo para el mismo PRI.

 

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