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Clemente Castro

20 de octubre, 2019

A lo sucedido en Culiacán, Sinaloa, con la detención y posterior liberación por parte de las fuerzas federales de uno de los capos del crimen organizado, en efecto, debe dársele diversas lecturas.

En principio habrá que señalar que el procedimiento seguido por los participantes en el operativo fue fallido porque no se tomaron en consideración una serie de elementos que, a la postre, llevaron a las autoridades a entrar en negociación con los criminales y entregarles a su “jefe”.

Se habla de que los mandos que estuvieron al frente de lo sucedido no informaron en tiempo y forma a sus superiores y, por tanto, hasta determinado momento, se actúo descoordinadamente.

Tampoco se consideró la capacidad de respuesta del grupo delictivo y eso incluye la movilización de sus integrantes de la ciudad en mención y otras localidades e incluso el manejar a ciudadanos en apoyo a su propósito de lograr que soltaran al detenido.

Por supuesto que lo observado no es algo positivo para México, en el contexto nacional e internacional.

Ello porque muestra la fuerza de uno de los grupos delincuenciales, al grado de desafiar militares, marinos, policías y a la administración federal, entiéndase los altos mandos.

Se trata, ni más no menos, de una confrontación abierta y en trasmisión en vivo al llamado “estado de derecho”, que tanto se usa en el discurso de los políticos y alude, al menos en el papel y la oratoria, a la aplicación de las leyes sin distinción.

Al fin de cuentas tendrá que verse o revisarse si los planes y acciones, para acabar con la violencia, lograr la seguridad y regresar la paz al país, llevadas a cabo desde la federación y en coordinación con los ordenes de gobierno, son las adecuadas.

Asimismo, es urgente indagar si hay relaciones de complicidad de miembros de las fuerzas armadas y policías con las bandas de proscritos.

En esa línea no deben quedar exentos empresarios, gremios, funcionarios públicos y políticos.

Ni modo que en determinado territorio, en donde es evidente la presencia del crimen organizado, no extiendan sus relaciones de complicidad y dominio hacia lo que opera y funciona dentro de la legalidad.

Tampoco tiene que minimizarse la posibilidad de que los criminales sumen a su arsenal de maniobras la que les dio resultado en Sinaloa.

Uno de éstos, que no les salió bien, fue el de querer frenar el combate la “huachicoleo”, al meter en calidad de presión y escudo a comunidades en las que su influencia es notable. Ahí esta el caso Tlahuelilpan, en el estado de Hidalgo, en enero del presente año.

Por lo demás, guste o no, una vez que se estuvo en una situación delicada y altamente sensible, al gobierno federal no le quedó más que hacer un repliegue ya que, al final de cuentas, lo que se presentó pudo haber derivado en una verdadera masacre en la que morirían personas inocentes.

Seguramente lo sucedido no es nuevo. Ya que en algunos momentos las autoridades dejaron libres a capos, solo que aquello se encubrió y por tanto, el común mortal no se entero y menos fue capitalizado por grupos políticos y, en general, opositores al presidente en turno.

Algo que salió a flote es el poder de los grupos delincuenciales, los cuales ejercen control en regiones, entidades y municipios.

Debe entenderse, además, su influencia en la economía y ni que decir en los asuntos del poder.

Esa es la realidad que no se a querido ver o atacar desde hace décadas, cuando se permitió a las agrupaciones del crimen organizado extender sus dominios.

Lo grave es que en el pasado las administraciones simularon para mostrar estrategias contra la seguridad que no sirvieron para nada pese a que se “logro” tener en la cárcel a “objetivos prioritarios”.

Hasta donde se entiende es que con la detención de JOAQUÍN GUZMÁN LOERA, se “fracturo” a uno de los cárteles de la droga.

Sin embargo, ya se vio que no es así. Y que “LOS MUERTOS QUE VOS MATÁIS GOZAN DE CABAL SALUD”.

Algún día superaremos el infantilismo que nos invade al echar culpas a diestra y siniestra mientras los males, las calamidades, lo que le duele a la gente, persiste.

Por cierto, ¿cómo esta eso de que al “Chapo” lo detuvieron una y otra vez y no hubo tal movilización de miembros de su cártel?

Igual sucedió con la detención de una serie de capos y las reacciones no pasaron de bloqueos y eventos dispersos.

Es buen tema.

AL CIERRE

El Obispo de la Diócesis de Victoria, ANTONIO GONZÁLEZ SÁNCHEZ, declaró que los pretextos utilizados por el presidente para liberar a un liberar a un presunto delincuente le parecen bastante tontos. Eso si, con el debido respeto.

A su juicio la situación del país va empeorar debido a que otros criminales pueden replicar lo sucedido y seguir con sus ilícitas actividades porque al fin y al cabo no pasa nada.

Conste que hablamos de un guía de la iglesia.

+.-Arrancó la Feria estatal en su versión 2019 en Ciudad Victoria, un evento que fu inaugurado por el gobernador, FRANCISCO GARCÍA CABEZA DE VACA.

 

 

 

 

 

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