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14 de enero, 2020

Los conservadores aprovechan el tema de salud pública para golpear a AMLO. Y lo hacen utilizando los poderosos recursos e instrumentos a su alcance, en el objetivo de desprestigiar al régimen en un aspecto tan delicado como el mencionado.

Los reaccionarios pegan donde saben que duele y su perversidad encuentra eco en un sector de la clase media, cuya racionalidad obnubilada por la soberbia, no entiende que la justicia social es radicalmente opuesta a la pobreza y explotación de que ha sido víctima la mayoría, por parte del neoliberalismo.

Los grupos conservadores, de mentalidad extranjerizante y moral moldeada por los negocios fáciles y el tráfico de influencias de ganancias prontas y expeditas al lado de los oportunistas del poder, no conciben el cumplimento del derecho institucional a la salud de todos los mexicanos.

Igual que hicieran cuando el presidente López Mateos dispuso el reparto gratuito de los libros de texto. Entonces los empresarios no vacilaron en realizar protestas públicas, especialmente en Nuevo León, incluso amenazando con suspender el pago de impuestos.

No aceptaban que el supremo gobierno concretara la gratuidad y laicismo de la educación pública. Para fortuna los últimos vestigios del pensamiento reaccionario están sepultados con la anulación de la mal llamada ”reforma educativa”.

Pero la derecha no descansa. Ahora mismo confunden a la opinión pública mediante información alejada de la realidad, respecto del presunto fracaso del Instituto Nacional de Salud para el Bienestar.

Para el efecto comparan la “efectividad” del Seguro popular ya desaparecido, el cual significaba ganancias a particulares relacionados con funcionarios importantes. En sexenios, cuando menos en los dos anteriores, aquí en Tamaulipas era público y sabido de personajes que abastecían sin medida ni concursos, la medicina social. También se intuía hacia los bolsillos de quienes iban a parar las ganancias.

De esto, creo, todavía algunos tienen cuentas pendientes, ya difícilmente cobrables por eso del “borrón y cuenta nueva” impuesto por la federación.

El asunto es que un grupo de Coparmex, encabezado por Gustavo de Hoyos Walther, está convertido en adversario sistemático de AMLO, rechazando todo lo que provenga del medio oficial, sobre todo donde pareciera que la iniciativa privada ha sido marginada de los negocios públicos.

Es otro error el creer que los ricos siempre deben ser los ganones del gasto social, como si el país perteneciera a la estirpe favorecida durante los negros años de la corrupción.

La clase empresarial es dura para comprender que los tiempos cambiaron, cuando debiera agradecer que la transformación republicana se lleva a cabo en forma pacífica, sea sin la violencia que pudiera poner en riesgo vidas y patrimonios.

Los conservadores ahora hasta se dan el lujo de satanizar al gobierno aprovechándose del dolor ajeno y condicionando las ventas de medicinas y con ello provocando el desabasto, obligando a compras en el extranjero con la urgencia y los problemas que amerita la situación y el traslado desde países donde también “se ponen sus moños”.

También pretenden “doblar” a AMLO difundiendo información falsa y nociva que no deja de causar inquietud, al mientras no se descubre su origen.

Para fortuna entre la población existe madurez suficiente para detectar el objetivo golpista e interesado de la derecha.

Justo este martes durante “la mañanera”, AMLO anunció que se dará a conocer la lista de “quien es quien” en el comercio de los medicamentos, lo cual significa “balconear” a empresarios que trafican con el miedo de la gente. Y por supuesto, también a los que se portan bien.

QUE EL PRI TAMBIÉN TIENE CON QUESO LAS TUNAS…

Ya sabéis que en Tamaulipas el tricolor se encuentra “en obra negra”, o en reconstrucción, mejor dicho. Y que, por lo mismo, batalla hasta para recomponer los comités seccionales.

Y es que con la “graciosa” huida de muchos de sus militantes, literalmente quedó desmantelado y casi, casi en proceso de extinción.

Ello no obsta para que con más ánimo que recursos o partidarios, la organización se disponga a recuperar los pasos perdidos.

Ahora el PRI respira un poco con el arribo de su nueva dirigencia estatal que como sabéis, la encabeza Edgardo Melhem Salinas. Un chicuelo que enarbola la lealtad de su ascendencia, fortalecida con lo aprendido en las ligas mayores de la vieja grilla institucional, aunque actualizado por las circunstancias. (En el CEN fue secretario particular de Humberto Roque Villanueva, el de la célebre “roque-señal”, por si lo habíais olvidado).

Lo cierto es que en las próximas elecciones el PRI ensayará mejor presencia, prestancia, constancia y pue-que que hasta solvencia.

El columnista insiste en que existen puntos inadvertidos, descuidados u olvidados por sus adversarios…los medios de comunicación, por ejemplo.

Pero bueno, el PRI busca, como el filósofo, con una linterna a sus candidatos en los respectivos municipios. Y viera que ya cuenta con increíble relación de prospectos.

Es lo de menos, dicen algunos de sus líderes, porque lo mero bueno vendrá con las elecciones que incluirá al ejecutivo estatal.

En este sentido no es secreto que Enrique Cárdenas del Avellano empezó a caminar por el sendero de la sucesión sexenal y que mismo Edgardo hace lo propio por ahora, en la región fronteriza.

No serán los únicos cuando el tricolor revive de sus cenizas, sacudido como fue, de algunos dinosaurios que no se tentaron el alma para sacrificar “a la gallina de los huevos de oro”…ahí te hablan Lucinito.

Ventaja aparte es que la influencia del pasado es mínima y ya no significa lo que fue, ni es lo que tanto dañó causó.

Si Tamaulipas siempre fue priista, es tiempo de que la tradición haga su parte en una segunda oportunidad. Y en el PRI creen que con actitudes diferentes, el rescate es posible.

Finalmente se trata de una competencia donde el triunfo favorecerá al partido que mejor trabaje el voto popular. Obvio, aunque eso de “trabajar”, incluye mucha verdad y la exclusión de falsas promesas.

El elector ya cambió, como han cambiado sus perspectivas personales, de su familia y de su entorno… Cree menos, exige más y ya no solo con la palabra.

Esto podría ser la diferencia.

Y hasta la próxima.

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