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“No me mandaba solo”…

Carlos López Arriaga

20 de febrero, 2020

En 1999, al arranque del gobierno tomasista, un derrumbe grave en la recién inaugurada carretera Rumbo Nuevo (Juan Capitán-Chihue) provocó una ola de inconformidad ciudadana contra el gobierno anterior, que encabezó MANUEL CAVAZOS LERMA.

Según el diagnóstico difundido, el apuro por terminar la obra habría subestimado el potencial destructor del agua.

Al no canalizar los escurrimientos de la sierra por bajo la carpeta asfáltica, la naturaleza impuso su ley.

Devastó amplios tramos ahí donde la obra humana se había convertido en un obstáculo.

A ello se agrega la impericia (hija de la prisa) en la construcción de taludes, las paredes serranas, cuyo corte exige inclinación y compactación para prevenir deslaves.

YARRINGTON había logrado la candidatura con todo el apoyo de MANUEL CAVAZOS.

Aunque, una vez en el poder, la regla imperante tarde o temprano impondría el corte del cordón umbilical, propio de los viejos regímenes presidencialistas.

Eso que JOSÉ LÓPEZ PORTILLO llamaba “romper para estabilizar”, tomar distancia hacia el antecesor, de manera suave o terminante, según los ánimos.

El problema de “Rumbo Nuevo” no hizo más que acelerar dicho rompimiento.

Al paso de las semanas, las tareas de peritaje culparon al extitular de la SEDESOL cavacista, el arquitecto PEDRO HERNÁNDEZ CARRIZALES.

Investigación que había sido impulsada desde el congreso local por la diputación panista y perredista, exigiendo llevar hasta el fondo el deslinde de responsabilidades.

Se libró, pues, la orden de aprehensión, cuyo cumplimiento tendría lugar hasta noviembre del 2000, al ser ubicado en Mérida, Yucatán.

Junto con PEDRO, en distintas etapas, fueron arrestados cinco funcionarios de la misma SEDESOL y tres empresarios contratistas.

 

YA EN BARANDILLA

La prensa que cubrió el arribo del arquitecto HERNÁNDEZ CARRIZALES al penal de Tamatán tomó nota puntual de su declaración banquetera, defensiva y estentórea, encapsulada en una sola frase:

-“¡Yo no me mandaba solo, no me mandaba solo!”, gritaba, en franca referencia a su superior jerárquico, CAVAZOS LERMA.

Desde el poder legislativo, panistas y perredistas exigían a YARRINGTON que procediera contra CAVAZOS, en base al dicho insistente de PEDRO.

Su coartada central (“no me mandaba solo”) sería después ratificada en su comparecencia formal ante la procuraduría.

Lo dijo de manera franca, de todas sus acciones estaba enterado CAVAZOS. El exfuncionario detenido solo obedecía órdenes.

La nota sacudió a la estructura de gobierno, al propio TOMÁS, a la contralora AÍDA ACUÑA y al entonces procurador EDUARDO GARZA RIVAS.

A la postre el caso se focalizó en PEDRO HERNÁNDEZ y su círculo inmediato.

Ni un milímetro más allá, se boletinó con lujo de precisión y amplia difusión que no había “elementos para llamar a cuentas al exgobernador”.

Y, por si hubiera alguna duda, se dictó auto de no ejercicio de acción penal (inejercicio, inacción, impunidad) en favor de CAVAZOS por el tema específico de la carretera dañada.

Un chiste racista que por entonces corrió entre cafés y cantinas fue que, en casos así, “el hilo se rompe por lo más delgado y además por lo más oscuro.”

 

SEMEJANZA HABEMOS

Mire usted, el tema viene a cuento dos décadas después, tras la detención en Málaga, España, de EMILIO LOZOYA AUSTIN, extitular de PEMEX.

El hombre es acusado de recibir sobornos multimillonarios vinculados al caso ODEBRECHT, más los expedientes que resulten, que son, por igual variados y cuantiosos.

Pero resulta que EMILIO trae de abogado al exfiscal antidrogas del salinismo JAVIER COELLO TREJO, feroz tacleador en sus tiempos de policía, lo sigue siendo ahora como defensor.

Esgrime sus argumentos como hachas de guerra y apunta con ellos cual si fueran fusiles de asalto.

Tajante, frío y muy preciso, su frase de combate es que LOZOYA (mire usted): “no se mandaba solo.”

Lo dijo en pantalla frente a LEO ZUCKERMAN y también con CARMEN ARISTEGUI y con ello definió prácticamente una estrategia que se observa dotada de un poderoso condicionante.

Si van contra su cliente, tendrán que ir contra ENRIQUE PEÑA NIETO.

En bien de este argumento cabe añadir la nota que el pasado miércoles publicó el WALL STREET JOURNAL asegurando que el gobierno de AMLO ya investiga también a PEÑA.

Aunque el gozo se fue al pozo durante la mañanera de este jueves cuando ANDRÉS MANUEL, ante pregunta explícita, respondió muy a su estilo, pausado, entrecortado, diluido.

Cito textual:-“No tengo… información, sobre que exista… esta investigación… como lo sostuvo… ehhh… el Wall Street Journal… no tengo yo… ehhh… elementos… para sostenerlo… lo que existe es la investigación, el proceso… contra el exdirector de Pemex… mm.… LOZOYA… no hay una investigación, que yo sepa… en contra del expresidente PEÑA…”

Pero bueno, dígase lo que se diga, el parecido con el caso tamaulipeco sigue ahí.

Un funcionario de primer nivel (allá EMILIO, aquí PEDRO) es juzgado por corrupción y, en ambos episodios, su defensa señala como argumento central que el acusado “no se mandaba solo”, pues recibía órdenes superiores (allá de PEÑA, aquí de CAVAZOS).

Aparece entonces, la ayuda providencial. Y esta consiste en deslindar y dejar fuera de toda sospecha a los peces gordos, aquí al jefe de PEDRO y allá al jefe de EMILIO.

Para ser más precisos, quienes obsequian la gracia de la impunidad son (nada menos que) los titulares del Ejecutivo en turno, uno estatal y el otro federal, en 2000 y en 2020.

Aquí YARRINGTON, allá LÓPEZ OBRADOR.

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