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Partidos, ¿becarios de la impunidad?

Max Avila

16 de enero, 2020

En plena guerra contra la corrupción, el gobierno choca con los intereses privados y políticos. Ya sabéis que estos últimos fueron correspondientes de grandes negocios mezclados por la costumbre del viejo poder.

Es una resistencia pertinaz porque están en juego miles de millones de pesos que la imaginación no alcanza a cuantificar.

La inversión en salud pública, por ejemplo, es tema que dará para mucho y no es coincidencia que siga ocupando el mayor tiempo de las conferencias “mañaneras” de AMLO.

Este jueves se observó un fenómeno interesante. No solo la extraordinaria presencia reporteril, sino el claro objetivo de buena parte, de salir en defensa de intermediarios en la compra-venta de medicamentos. Al igual que provocar en otros temas que ocupa y preocupa al régimen federal, como la inseguridad.

La consigna es muy clara, tender trampas para que el supremo gobierno se vea mal en sus respuestas. Práctica que seguramente seguirá, en el entendido de que los adversarios de AMLO se han apoderado del escenario, gracias a la tolerancia y el ejercicio, en este caso, de una libertad de expresión manipulada justo ahora, por los grupos empresariales y políticos que saquearon al país.

Y es que los dueños de medios de comunicación conservadores descubren que la mejor forma de atacar, es metiéndose a la casa del adversario aprovechado una democracia informativa que por otra parte, no vacilan en criticar y condenar, cuando así conviene.

Por su condición, muchos de los “infiltrados” cierran su raciocinio a las evidencias de corrupción del pasado. No hay argumento que convenza a pesar de las pruebas acumuladas en la Fiscalía General, y los nombres y apellidos de los responsables descubiertos hasta la fecha.

Para los provocadores los “cambios” en el pasado solo era mera retórica para seguir igual. He ahí la obsesión de conservar privilegios.

No entienden que se acabó la simulación en el gobierno federal.

Este jueves una reportera que no se le había visto en lo que va del sexenio, reclamó en forma grosera, el presunto no ejercicio de 150 mil millones de pesos el año anterior. AMLO le aclaró que más bien fueron ahorros evitando la corrupción.

Por supuesto la reportera no lo creyó, burlándose sin el menor recato, de la institución presidencial.

Pero no fue la única, toda vez que varios de sus colegas siguieron explotando el tema del desabasto en medicinas, especialmente para víctimas del sida y de los niños que padecen cáncer, mediante actitudes francamente insolentes y tendenciosas.

De igual forma que insistieron sobre la inseguridad, no con el afán de aportar ideas o respaldar una tarea ingrata y difícil, de alto impacto para todos, sino con la intención de demeritar y aun descalificar los esfuerzos oficiales que incluso, causan pérdidas entre miembros de las fuerzas armadas y también ya sabemos, de personas inocentes.

Otro tema recurrente de “los infiltrados”, es la presunta confrontación con autoridades locales, relativo al funcionamiento del Instituto de Salud para el Bienestar. A fuerza pretenden dividir a la república cuando se trata de adecuaciones para alcanzar el objetivo previsto, que no es otro que beneficiar a los mexicanos que no tienen acceso al derecho previsto en el artículo cuarto de la Constitución.

En este sentido, ¿cómo aceptar que la creación de dicho instituto fue producto de una ocurrencia o peor, que fue hecho al vapor, como afirma la oposición?. ¡Por favor!, hay que tomar en serio el problema que afronta el 60 por ciento de la población.

Las “mañaneras” entonces, son aprovechadas por la reacción, defensora del interés contrario a la sociedad y por ello mismo, nostálgica de los tiempos idos de la corrupción.

Desde luego el columnista es partidario absoluto de la libertad de opinión en cualquiera de sus manifestaciones, sin embargo aceptemos que ha habido excesos que pierden de vista el significado de la institución presidencial, desvirtuando un ejercicio democrático que debiera tener como objetivo el bienestar colectivo.

Olvidan los compañeros que una de las virtudes del periodismo, es colocarse del lado de los marginados y no de sus explotadores tradicionales, que no son otros que los conservadores.

Criticar en forma positiva es bueno y doblemente bueno, si también se aportan ideas para encontrar soluciones.

Hacer lo contrario es “es mala leche”, como diría cualquier purista del castellano.

LA POLITICA DESEADA

¿Qué tan útiles han sido los partidos para los tamaulipecos?. Podría ser pregunta ociosa y sin embargo necesaria por la transformación observada en la república.

No hay que recurrir a sesudos análisis para entender que con honrosas excepciones, solo significaron, “comaladas” de nuevos ricos o poderosos empresarios que confundieron la política con el beneficio personal.

Y ni modo que sea invento.

Ahora podría ser diferente si nos atenemos a la posibilidad de presenciar y aun participar como electores, en las batallas que el futuro depara a nuestra ínsula barataria.

Y es que los partidos estarán en la oportunidad de cambiar el concepto que de ellos se tiene, o mejor dicho, el desagradable calificativo cercano a la rapacería. La experiencia ha sido mucha y variada para comprender que la sociedad ha dado un giro de 180 grados y que han de corresponder a este súbito cambio.

No se trata solo de la influencia de organizaciones en circunstancias ventajosas por efectos del poder, sino de figurar como referentes del interés ciudadano de manera permanente.

Al fin de cuentas los partidos políticos están considerados de beneficio social, por la sencilla razón de ser mantenidos por los contribuyentes. Siendo así, es deseable que procuren el bien colectivo, al margen de las diferencias o puntos de vista de la realidad y formas de gobernar.

Que los partidos dejen de ser becarios de la impunidad, sería la primera condición para mantener su presencia en la conciencia ciudadana. A partir de esta premisa, la confianza encontraría vía libre hacia la aceptación popular.

Haciendo lo contrario, tales organizaciones estarían caminando rumbo al patíbulo, o pa’ decirlo más claro, se estarían colocando la soga al cuello. En este sentido, hay constancia en algunos de ellos.

El asunto es que Tamaulipas requiere de partidos políticos modernos, demócratas y sobre todo con profunda convicción solidaria hacia las mayorías.

No hay de otra, si desean sobrevivir a la temporalidad circunstancial.

¡Basta de “grillos” oportunistas!.

SUCEDE QUE

Rigo Guevara Vázquez dijo a sus “cuates” periodistas que una hembra podría sucederle en el liderazgo del SNTE estatal. ¿A quién piensa impulsar?...que lo diga ahora o lo calle para siempre.

Y hasta la próxima.

 

 

 

 

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