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Oscura falla de energía eléctrica

Jose Luis B Garza

22 de febrero, 2021

Prácticamente se ha cumplido un año desde que los primeros efectos del Covid 19 comenzaron a azotar varios países; México y Estados Unidos no fueron la excepción, por mencionar las naciones con las que tenemos mayor relación, sobre todo quienes residimos en la frontera. Pero si creíamos que esa sería la mayor calamidad que pudiéramos confrontar en la actualidad, la naturaleza se encargó de demostrarnos lo contrario, con el inclemente clima que devastó al sur de Estados Unidos, con especial énfasis en Texas y al norte del México, donde las fallas eléctricas provocaron caos en todos los órdenes.

Desde luego, a reserva de que se haga un más amplio y preciso diagnóstico tecnológico, si es que eso es posible, las causas, cuando menos de acuerdo con las versiones oficiales, tuvieron en común, obviamente, la carencia del vital servicio eléctrico, pero no así los detonantes de esas crisis.

En Texas, que cuenta con un servicio autónomo, soberano dirían algunos, que no está interconectado al resto del país, las tremendas bajas temperaturas que, dicen los expertos, no se habían registrado en decenas de años, provocaron que el suministro eléctrico fuera interrumpido en casi la totalidad del “Estado de la Estrella Solitaria” donde, no fue la excepción el Valle de Texas, región íntimamente ligada a los estados del noreste mexicano.

Cabe aclarar que algunas áreas no sufrieron interrupción en ningún momento del fluido eléctrico, ni de agua potable ni el ahora también vital servicio de internet, pero esas fueron las excepciones.

A diferencia de México, se produjo una tremenda ola de compras de pánico en Texas, justificadas o no, pero que dieron como consecuencia largas filas de vehículos en las gasolinerías que en ocasiones consumieron el total de las reservas de algunas de ellas y además compras de víveres que provocaron que se vaciaran algunos de los anaqueles de los más conocidos supermercados texanos.

Texas, estado que ha sido gobernado desde 1994 por los republicanos, desde que George W. Bush ganó las elecciones, siendo sucedido en el cargo por Rick Perry por tres períodos constitucionales para ceder el poder al actual al mandatario Greg Abbott, ha tenido un órgano regulador de la energía eléctrica, el llamado Consejo de Confiabilidad Eléctrica de Texas (ERCOT, por sus siglas en inglés) que ha sido, dijo Abbott, todo, menos confiable, y a quien señaló como entidad con responsabilidad en los cortes de energía en todo el estado.

ERCOT, se supone, regula a una serie de empresas suministradoras de energía en el estado. Los texanos tienen la opción de contratar con la que mejor les parezca por su eficiencia o tarifas, pero todas, pasan por un sistema común de suministro a los usuarios. Por cierto, el ex gobernador texano Rick Perry fue secretario de energía de Estados Unidos de 2017 al 2019.

Contrariamente a lo que se pudiera pensar, históricamente no han sido los servicios de electricidad en Texas los más eficientes en restaurar  la dotación del fluido en los casos de corte. Es común que se permanezca, como ocurrió esta vez, por muchas horas, inclusive días, sin restaurar o normalizar esa importante fuente de energía.

En ese campo, al mexicana Comisión Federal de Electricidad (CFE) ha sido, tradicionalmente, por muchos años, nos consta, gracias a su personal y técnicos, mucho más eficiente en la restauración del servicio en casos de cortes por accidentes, fallas técnicas o fenómenos meteorológicos, sin importar su magnitud.

Pero la catástrofe que se ha abatido sobre Texas tendrá, casi con seguridad su aspecto positivo. Conocedores del orgullo texano y de los recursos con los que este estado cuenta, seguramente, además de una investigación sobre lo que ocurrió estos días, cuya mayor crisis se sintió del 15 al 17 de febrero, se habrán de tomar medidas institucionales y técnicas para el futuro, sobre todo ante los inminentes efectos del cambio climático, que, desafortunadamente, en aras de réditos políticos o económicos, también por ignorancia, claro, no ha sido aceptada por muchos gobernantes.

Así es que volviendo a las líneas iniciales, si creíamos que la mortífera y desestabilizadora pandemía no podría ser peor, la naturaleza nos acaba de dar una lección a los mortales que habitamos México y Estados Unidos. Se esperaría que aprendiéramos la lección y actuáramos en consecuencia ciudadanos y gobiernos, pero tenemos nuestras reservas.

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