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11 de agosto, 2020

En realidad lo que empieza a soltar el ex director de Petróleos Mexicanos (PEMEX), EMILIO LOZAYA AUSTÍN, ante la Fiscalía General de la República (FGR), no es algo que no se supiera en el país. Lo nuevo ahora es que se está dando “santo y seña” de la corrupción y abarca dese la cúpula hasta liderazgos que se consideran engranajes de un sistema que, por décadas, así funcionó.

De hecho los conocedores del manejo del poder, en su forma tradicional, hablaban de tres procedimientos para que no hubiera obstáculos a la hora de manejar la “gobernabilidad” o hacer negocios desde la política y la administración pública.

Según esto, dese el alto mando se daba la orden a sus operadores para que hablaran con rebeldes u opositores a fin de hacerlos entrar en razón mediante dádivas o posiciones, previo a señalarles que se tenían evidencias de su vida “privada” y lo mejor era llevar la fiesta en paz.

Pero si eso no funcionaba venía el paso dos que consistía en ofrecerles una considerable cantidad de dinero para que “hicieran conciencia”, en tanto que se partía de que nadie podía resistirse a uno “cañonazo” de fajos de billetes.

Si lo realizado no sensibilizaba al “terco”, el propio jefe político pedía que le dejaran el caso en sus manos y de ahí en adelante no había vuelta atrás.

Esto implica que el mero, mero, daba órdenes para “empapelar al adversario”, lo que derivaba en llevarlo a la cárcel e incluso fabricarle un accidente.

De hecho en éstas formas de control político, los que entraban al “tejemaneje” no eran colaboradores, sino cómplices porque tenían que “embarrarse las manos”.

Luego entonces, lo que acaba de declarar EMILIO LOZAYA AUSTÍN, en cuanto a que movió 400 millones de pesos para sobornos y que tiene recibos, testigos y videos, es de por demás creíble.

Igual que la orden de manejar la “operación política” o engrasar la maquinaria, habrían venido de parte del ex secretario de Hacienda, el otrora todopoderoso, LUIS VIDEGARAY y del propio presidente, en aquel entonces, ENRIQUE PEÑA.

Se sabe que el presunto corruptor, por órdenes de sus superiores, recibió dinero de una empresa extranjera y al menos de un adinerado mexicano, para ser distribuido y utilizado, se supone, en campañas electorales, compra de legisladores y partidos con el propósito de apoyar reformas y, de pasada, abultar las cuentas de los que manejaban éste tipo de ilícitos, incluido, el propio LOZOYA.

Lo anterior es solo una vertiente mediante la que despliegan sus tentáculos la llamada delincuencia organizada, la de cuello blanco, que recibe favores y sabe “corresponder” a sus mecenas.

Pero, ¿en qué momento se metieron los integrantes del narcotráfico y de otro tipo de ilícitos a la política?

Sobre ello hay libros de periodistas y especialistas en seguridad pública que documentan el origen y desarrollo de tal fenómeno.

El punto es que el mal fue arraigándose al grado de que, sin exagerar, podría hablarse de “narcoestado”.

Y si los “Señores del Narco” le metían o meten dinero a las campañas es lógico que no sea en forma altruista.

También a esos grupos, el gobierno en turno, según los tratos establecidos, les tenían que responder. Quizá con cargos públicos para alguno de los suyos o que las autoridades “respetaran” sus territorios en los que se convirtieron en hombres de horca y cuchillo.

Lo que no tiene vuelta de hoja es que estamos por conocer lo que se acordaba en los “sótanos del poder”, en donde lo tratado era de absoluta secrecía.

En realidad es algo fuera de la “normalidad” el que un tipo, de los alcances y relaciones de LOZOYA, la éste librando en tanto que los intereses creados no hubieran tenido el menor freno para desaparecer evidencias.

La danza de los millones y amarres en lo oscurito entre cómplices implica honrar el “código del silencio”. Y lo de EMILIO, en un país como el nuestro, es algo atípico. Y sin embargo puede ser el inicio de algo que permita destapar lo que era un secreto a voces pero se cubría con la simulación y cosas peores.

AL CIERRE

Los guías del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del Movimiento Ciudadano (MC) andan sobres de la alcaldía de Victoria.

Ya se ven despachando en el edifico ubicado entre la Avenida Francisco I. Madero y Miguel Hidalgo.

Al menos eso denotan regidores y la diputada del MC, PATRICIA PIMENTEL.

Lo que todavía no entendemos es porqué se ven tan urgidos de llegar a un cargo que, similar a lo que le sucede al munícipe, XICOTÉNCATL GONZÁLEZ URESTI, puede ser su tumba, políticamente hablando.

Si los rezagos eran diversos cuando llegó el Doctor a disque sanar al municipio, en la actualidad se esta ante un verdadero desastre.

De modo que al ver la abultada lista de líderes y políticos que quieren sacrificarse por sus paisanos no podemos más que sorprendernos.

¿Será verdad tanta belleza?

+.-Los directivos de educación básica se pasan de vivos al no medirse con los de las cuotas escolares.

Una vez más le clavarán la uña a los padres de familia pese a la crisis económica provocada por el Covid-19.

Para encubrir el negocio avientan por delante a las “Asociaciones de Padres de Familia” que, por lo general, están manejados por directores de los planteles.

Vale preguntar….¿dónde están lo dirigentes sindicales y las autoridades de educación? Acaso en el negocio?

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